El valor de una mujer ante los ojos de Dios
Vivimos rodeadas de mensajes que intentan decirnos cuánto valemos. A veces parece que depende de cómo nos vemos, de lo que hemos logrado, de nuestra edad, de nuestra relación sentimental o de cuánto podemos hacer por los demás.
Pero Dios no te mira de esa manera. Tu valor delante de Él no aumenta cuando tienes un buen día ni disminuye cuando te equivocas. Antes de cualquier título, responsabilidad o logro, eres una mujer creada y amada por Dios.
¿Tu valor depende de lo que haces?
No. Lo que haces puede ser importante, pero no determina cuánto vales delante de Dios.
Puedes ser madre, esposa, profesional, amiga o servidora, pero tu identidad no empieza en esos roles. Dios no te ama solamente por lo que produces o por todo lo que haces por otros.

¿Qué pasa cuando empiezas a verte a través de los ojos de otros?
Puedes darle demasiado poder a opiniones que cambian constantemente.
Una crítica puede quedarse contigo durante días y una comparación puede hacerte olvidar todo lo bueno que Dios ya ha puesto en ti. Por eso tu valor necesita descansar en algo más firme: lo que Dios dice de ti.

¿Sientes que las opiniones de otros están afectando la manera en la que te ves?
También puedes leer nuestro blog ¿Qué voces están guiando tu corazón?
¿Cómo mira Dios tus imperfecciones?
Con verdad, pero también con gracia.
Dios puede mostrarte áreas que necesitan crecer sin dejar de amarte durante el proceso. Salmo 139 nos recuerda que Él nos conoce profundamente y ve también aquello que otros no ven.

¿Cómo empezar a verte como Dios te ve?
Aprendiendo a darle más peso a Su verdad que a tus inseguridades.
Cuando te compares, vuelve a tu propia historia. Cuando sientas que solo vales por lo que haces, recuerda que tu identidad no comenzó con tus logros.

Tal vez durante mucho tiempo has medido tu valor según la opinión de otros, tus logros o aquello que todavía te falta alcanzar. Pero nada de eso tiene la última palabra sobre quién eres.
Mujer, tu valor no comienza cuando alguien te reconoce ni termina cuando cometes un error. Tu valor está en Aquel que te creó, te conoce y te ama.





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